Proyecto AFRICA VIVE
Viaje a Costa de Marfil (Julio-Agosto 2006)
Ruta
Agradecimientos:
A tod@s gracias por vuestras oraciones, animos y demas.
Despues de una experiencia en la que se dan cita muchas cosas muchos sentimientos y mucha buena gente. La que nos encontramos por el camino. Y con la que convivimos.
Esa lucha por la supervivencia de los emigrantes en Rabat, porque eso no es vivir es sobrevivir.
Esa playa de El Aaiun donde meses antes habian llegado los cuerpos de esos hermanos que viajaban hacia la tierra prometida.
Esos pobres retenidos en Dahkla esperando a ser repatriados o que se yo. Y que antes que nos dieramos cuenta teniamos a la policia detras.
A esa ciudad ta desoladora como es Nouadhibu en la que al menos muchos pueden vivir en paz aunque no hayan salido de la miseria,el 90 por ciento de la poblacion es del Africa negra.
Ese Nouachott con la mujeres refugiadas tintando telares.Ese San Louis con el entrante del mar repleto de cayucos esperando para zarpar al "paraiso". Que dificil es poder conectar con los que quieren salir.
Ese Dakar con tantos vendedores y tantos niños de la lata o de la calle. Y con nuestro querido Asane recien rapatriado que dice que lo volvera a intentar que en Senegal no hay futuro.
Tambacunda el reencuentro con Musa el otro retornado.
Bamako ese dia de ayuno y abtinencia para recorrer la ciudad y ver la depre de los animales en el zoo. Ademas de empezar a ver como se organiza el hermano de un inmigrante que hay en Ceuta con el dinero que manda otro hermano desde Francia.
Esos retornados de España con sus balas correspondientes haciendo cestos de mimbre.
Esa gran mujer como es Aminata Traore que nos invito el proximo 29 de Septiempre a un acto por los acontecimnientos de la vallas entre otras cosas.
Ah y al fin ese reencuentro con nuestra querida Ana. En la frontera con Malí.
Esos controles con barreras y rebeldes portando fusiles que siempre impone.Al fin Bouaké o sea Costa de Marfil.
Esos fines de semana rodeados de niños que se pelean por cogerse a tu brazo o por lo menos lo que queda sin ser ocupado por esas pequeñas manos.
Ese baile alrededor del arbol, tipico de los documentales de las 2,si esos que siempre nos quedamos dormidos.
Ese vino de palma que como abuses te pones a 1000 por hora.
Esos dias de adecentar la guarderia y la enfermeria.
Esos descansos de los partidos de futbol,que si es verdad que no puedes andar por una masa de niños.
Ese malestar por sentir que te creen superior por que eres blanco.
Pero lo mejor,esa acogida del pueblo africano que te hace sentir fuera de orbita vamos que ni Pedro Duque.
Un saludo y hasta pronto.
Rutas africanas hacia Europa: entre la carrera de obstáculos y el campo minado
Hay imágenes que estremecen. Los., refugiado de Costa de Marfil en España se sentaba a mi lado este verano: interveníamos en la Escuela de Verano del Ceim, en Valencia. En su codo se dibujaba una cicatriz redonda. Era la “reliquia” de una bala de goma, tirada por un gendarme marroquí o un guardia civil español cuando asaltaba la valla de Melilla, con otros cientos, hace un año. Sabía que él había sido expulsado ilegalmente de territorio español. También tenía noticia de que había estado internado en Guelmine, cuando conseguimos que casi 2.000 africanos no fueran abandonados en el desierto. Después de dos meses de internamiento, fue conducido a la frontera norte con Argelia, retornó a pie hasta Rabat (600 Km), porque en Marruecos, los inmigrantes sin papeles no pueden subir en transportes públicos. Fue nuevamente detenido y maltratado, hasta que el gobierno español asumió su traslado como demandante de asilo.
Leo la crónica que me envía un equipo de la asociación Elín, del entorno de las Carmelitas de la Caridad. Han atravesado Marruecos, el Sahara Occidental, Mauritania, Senegal y Malí, antes de llegar a Costa de Marfil. Conozco personalmente sus dos primeras etapas. Y vuelvo a estremecerme cuando me hablan de un joven de Costa de Marfil, Adama, a quien conocí y visité el pasado mes de junio. Perseguido por su militancia en un partido de oposición y huido de la guerra civil, atravesó el desierto entre Malí y Argelia, desafiando a la sed, el extravío, el pillaje de bandidos y de fuerzas de seguridad. Llegado a Marruecos, es protagonista de una historia similar a la anterior: abandonado en el desierto, caminó 500 km, a pie, hasta llegar de nuevo a Rabat. Pidió al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR) su reconocimiento como refugiado. Lo tiene, pero el gobierno marroquí no le reconoce efecto alguno. Malvive en una casa mal dotada, con otros sesenta refugiados. No pueden trabajar, sino descargando sacos en el mercado. No pueden comprar apenas alimentos: viven de las sobras de los mismos mercados. Las fuerzas de seguridad los hostigan. Este equipo de la asociación Elín fue testigo de una de una agresión. Es cierto que hay muchos africanos y algunos asiáticos que atraviesan Marruecos, y malviven en los bosques y en los suburbios hasta que logran pasar a territorio español. Pero no debemos olvidar a los refugiados que no siguen adelante, enfrentándose a otro tipo de peligros.
Los compañeros de Elín atravesaron el Sahara Occidental, pasando por El Aaiún y Dakhla. Toparon con un grupo de 80 senegaleses que había acabado su periplo en Dakhla. Habían costeado Senegal y Mauritania, y al llegar al último puerto mauritano, repostaron combustible. En vez de gasolina, les vendieron una mezcla de gasolina y agua. Estropeado el motor, fueron a la deriva hasta Dakhla. Estaban detenidos en un campo de fútbol, a la espera de ser conducidos a la frontera de Guergarat (donde habíamos el año pasado). La franja fronteriza, de 5 ó 6 Km, está sembrada de minas salvo en la carretera. En días de viento, la arena borra su rastro. No hay más que añadir.
En Nouadhibou, primera ciudad en Mauritania, visitaron al P. Jerome, espiritado nigeriano que atiende a los emigrantes. Solían llegar por tierra, y ahí aguardaban a que zarpe algún cayuco. En los últimos meses, el control es férreo: hay grupos (por naciones o por lenguas) que malviven mientras se prolonga indefinidamente su estancia. Es difícil conocer sus movimientos, y cuándo un grupo emprende la navegación. Hoy, Nouadhibou es más un puerto de paso para los que costean Mauritania antes de saltar a Canarias.
En su ruta hacia el Sur, el equipo de Elín encontró dificultades para contactar con los emigrantes. El recelo es grande. Se comprende. En Saint Louis, puerto del norte de Senegal, veían cayucos recién armados y pintados, listos para emprender la singladura: a la espera de que les asignen tripulación. Pero nadie les facilitó contactos. En Dakar pudieron visitar a un viejo conocido, Asane, de los que había saltado la valla de Ceuta y luego había sido repatriado.
El viaje hacia el interior les llevó a Bamako. Allí se dieron cuenta de que se trata de un nudo ferroviario, de un emporio de mafias y transportistas que organizan las rutas migratorias. Si se toma ferrocarril a Dakar, y cayuco, se puede llegar a Canarias hasta en diez días. Es más normal que el viaje se alargue unos meses, sobre todo cuando falta financiación, o se presentan complicaciones. Aún así, está lejos de los años que puede alcanzar el viaje por las rutas terrestres, atravesando el desierto. En estas rutas se multiplican los peligros: hambre, sed, insolación y picaduras de escorpiones en caso de extravío; pillaje de bandidos; arresto, devolución a la siguiente frontera u otras formas de hostigamiento por las fuerzas de seguridad; dificultades para ganar algún dinero trabajando, con el que poder avanzar en la ruta. La ruta oceánica puede ser más breve: pero el mar también se cobra un impuesto en muertes. He conocido personas que han tardado 4 años en alcanzar Marruecos.
Hay mucha gente detrás de este artículo. No sólo Paco Carrasco y sus compañeros de Elín: Helena y Francis, miembros de Caritas, del Servicio Jesuita a Refugiados, de ONGs locales de Marruecos y el Sahara… Laten las vidas de tantos africanos conocidos o encontrados. Por eso me atrevo a pedir una última cosa en nombre de todos. Que, al leer este artículo, purifiquen sus corazones de toda curiosidad morbosa: pisamos tierra sagrada. Les pido que contemplen la dignidad de hijos de Dios en los inmigrantes. La lectura del Éxodo nos da claves para comprender el significado más profundo de las migraciones africanas de hoy. Nos jugamos mucho más que la integración de nuestras sociedades: algo del orden de la Salvación.
Josep Buades Fuster, S.J.
Responsable de Relaciones Externas del CeiM (cfr. www.ceim.net)
Coordinador del Servicio Jesuita a Migrantes – España.



