CÍRCULO DE SILENCIO DEL MES DE MARZO.

El pasado 13 de marzo tuvo lugar el Círculo de Silencio en el que leímos el siguiente comunicado:
«Expresamos nuestro dolor y consideramos que las medidas y actuaciones adoptadas en torno a la migración, únicamente consiguen incrementar aún más si cabe el sufrimiento, dolor y muerte de las personas migrantes y de los solicitantes de protección internacional. Crece nuestra impotencia ante las esperanzas truncadas de estas personas, que, en su penosa travesía de miles de kilómetros por el corazón de África, llevan a sus espaldas un largo historial de abusos, agresiones y precariedad extrema, mientras esperan la ocasión de llegar a Europa en busca de un futuro de dignidad y derechos para ellos y sus familias.
Desde el mes de agosto pasado, el norte de Marruecos está más controlado, si cabe, por las fuerzas de seguridad marroquíes, las cuales, están persiguiendo sistemáticamente a cualquier emigrante que se encuentre en ciudades y bosques, según las informaciones recogidas de ellos mismos. Se está deteniendo y maltratando a todos los inmigrantes que se encuentran en la calle o en lugares públicos, sin tener en cuenta su situación, tanto documentados como indocumentados, y llevados a las ciudades del sur de Marruecos, cerca de la frontera con Mauritania.
Con motivo del 8M no podemos olvidar, a todas las mujeres migrantes y refugiadas, que histórica y actualmente sufren una doble marginación, por el hecho de ser migrantes y por su condición de mujer. Es necesario promover la equidad y el acceso a derechos sociales de las mujeres migrantes. Particularmente los derechos a la salud, al trabajo, a la educación, a la cultura, a la identidad. Dado que la desigualdad es una de las condiciones estructurales que posibilitan y reproducen la violencia de género hacia estas mujeres. El reconocimiento público de las situaciones que de manera cotidiana padecen las mujeres migrantes es el primer paso para avanzar en una atención integral de sus necesidades.
Otro colectivo que queremos hacer presente son, los 50 millones niños migrantes y desplazados en el mundo, que también están más expuestos a sufrir algunas de las peores formas de abusos y otros daños. A menudo están a expensas del contrabando humano y suelen caer en las redes de los tratantes y otros criminales. A muchos se les somete a formas extremas de abusos y privación durante sus viajes.
Unas vez llegados a territorio europeo estas situaciones continúan, siendo criminalizados y marginados, olvidando que son niños y tienen derechos, tal y como están reconocidos en la ley del menor. En estos últimos meses hemos notado un aumento de xenofobia y rechazo hacia estos niños, en nuestra ciudad y en la Península. Como ejemplo de esto, en esta semana, ha habido tres enfrentamientos en centros de menores en Cataluña.
Dotar de recursos de acogida y acompañamiento a los niños desplazados y migrantes a escala local y mundial es una responsabilidad que debería ser primordial para todos los gobiernos, con el objetivo de detener estas violaciones.
Necesitamos un modelo de gestión de la inmigración que no se centre únicamente en temas de seguridad, sino que también se comprometa con el respeto a la vida, la integridad personal y los derechos humanos. Es urgente, por ello, que todos nos preguntemos qué es lo que está fallando a la hora de articular esta política, que debería estar basada en los principios humanitarios y ser capaz de garantizar vías de acceso seguras y de acogida a las personas que huyen de la miseria y la violencia que asola sus países.
Hacemos un llamamiento para que su dolor y sufrimiento no se conviertan en una rutina deshumanizadora.
Amigas y amigos, comienza nuestro tiempo de silencio.»

 

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