Último círculo de silencio del 2018 en Ceuta.

El pasado miércoles 12 de diciembre tuvo lugar el último círculo de silencio del año 2018 en Ceuta.

Utilizamos este silencio como una forma de diálogo para apelar a las conciencias. En silencio hablamos, en silencio gritamos, en silencio denunciamos…

Nos duele pensar en las más de 2 mil personas que, durante este 2018 que terminamos,  han perdido su vida en el mediterráneo y son innumerables aquellas que la han perdido en el desierto y durante su trayecto migratorio.

En este mes de diciembre se han cumplido 70 años desde que tuvo lugar la Declaración Universal de los Derechos Humanos y, coincidiendo con esta fecha, los jefes de Estado y de Gobierno de hasta 164 países se han reunido en Marrakech para aprobar el Pacto Mundial para la Migración de la ONU.

Deseamos que este acuerdo sirva, realmente, para crear vías migratorias seguras y no para seguir externalizando las fronteras y violando los DDHH de aquellas personas que se ven empujadas a arriesgar su vida en el mar y a recurrir a redes de tráfico de personas.

Desde Ceuta, vivimos el claro ejemplo de estas políticas de blindaje financiadas desde Europa en el país vecino. La construcción de un nuevo campamento base a pie de valla pone de manifiesto la intención de que no exista ni un solo punto ciego por vía terrestre, dejando como única vía el mismo mar que tantas vidas se ha cobrado.

Pero también terminamos el año haciendo un análisis de los muchos gestos que han hecho posible que este mundo sea un poco más humano. Porque no queremos que la voz de los que lanzan mensajes de miedo contra los migrantes suene más fuerte que la de las personas que empeñan su vida para que todos encuentren un país de acogida. Porque no queremos que la gente se crea la cantidad de bulos que circulan en torno a los que llegan a nuestras tierras europeas, por eso hoy recordamos a:

– Los tripulantes de la embarcación de Santa Pola, Madre Loreto, que han perdido mucho dinero por no poder pescar, que se han atrevido a desobedecer órdenes, y que han salvado la vida de 12 náufragos en las costas libias.

– Los bomberos de Sevilla que fueron llevados a juicio porque en su tiempo libre y con sus propios medios se lanzaban al mar a rescatar otros náufragos.

– El alcalde de Riace, al sur de Italia, que ha conocido el arresto domiciliario por hacer que su pueblo, casi despoblado, se llenara de vida gracias a los cientos de migrantes que se instalaron allí.

– Helena Maleno, que ha tenido que hacer las maletas porque Marruecos no le ha renovado el permiso de estancia en este país, como persona non-grata, solo por llamar por teléfono cuando algunos naufragaban y por contar lo que pasaba en el otro lado del mar.

– Los hombres, mujeres y niños centroamericanos que se siguen uniendo en la caravana pretendiendo llegar a Estados Unidos.

– Las personas que ofrecen una manta, un café, asesoramiento a los cientos de demandantes de asilo que hacen cola en Madrid, esperando que se les atienda.

 Con todas las personas, que han hecho del 2018 un año más amable para quien se encontraba en la dificultad, hacemos silencio.

 

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